Es una enfermedad de la piel caracterizada por la inflamación crónica de las glándulas sebáceas, especialmente en la cara y en la espalda. A pesar de no ser una enfermedad grave, puede afectar en gran medida la calidad de vida del paciente. Un tratamiento precoz evitará secuelas graves desde el punto de vista estético.
Las lesiones de acné son variadas, pudiendo aparecer desde pequeños granos rojizos en la cara, hasta lesiones profundas como quistes y nódulos tanto en la cara como en los hombros. Las lesiones del acné se clasifican en inflamatorias y no inflamatorias; las lesiones inflamatorias son las pápulas (granos rojizos), pústulas (granos blanquecinos) y nódulo-quistes (lesiones profundas). Las lesiones no inflamatorias son los comedones abiertos (puntos negros o espinillas) y los comedones cerrados (puntos blancos).
El diagnóstico del acné es fundamentalmente clínico. Ocasionalmente puede ser de utilidad un estudio analítico y hormonal.
Para formas de acné leve, existen múltiples tratamientos tópicos de efectividad moderada (peróxido de benzoilo, eritromicina, clindamicina, ácido azelaico). Para formas moderadas-severas, el tratamiento más utilizado es la isotretinoína, un retinoide oral muy efectivo que suele requerir tratamientos de varios meses.
Para obtener una curación sin cicatrices, en Grupo de Dermatología, aplicamos paralelamente a los tratamientos anteriores, técnicas basadas en las tecnologías:
Con la aplicación de estas técnicas de dermatología clínica, acortamos ó evitamos la duración de tratamientos orales evitando al máximo la aparición de cicatrices y la cicatrización en su caso.
Su uso de forma combinada con otros tratamientos para el acné consigue resultados espectaculares al acortar el tiempo de tratamiento y simultáneamente disminuye rápidamente la inflamación y consigue una curación sin cicatrices.