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Cuidado de la piel tras la época veraniega


El verano es la época del año que más horas de exposición solar acumulamos. El sol es uno de los factores de riesgo más importantes tanto para el envejecimiento cutáneo como para el desarrollo de tumores.

Fotoenvejecimiento

Si alguna estación "castiga" la piel, ésta es sin duda, el verano. La principal causante de esta agresión es la excesiva exposición de la piel a la acción de los rayos solares con las conocidas consecuencias de fotoenvejecimiento. A esto hay que añadir un mayor grado de deshidratación dérmica (con la lógica pérdida de textura y flexibilidad). Existen además otros factores como el aire acondicionado, las aguas cloradas de las piscinas etc. que también ayudan a aumentar el deterioro. El resultado será una piel que nos pide a gritos que la cuidemos y recuperemos de las agresiones sufridas en la, por otra parte, agradable y gratificante época estival.

Cáncer de piel

Las lesiones pretumorales y el cáncer cutáneo se relacionan con la acción acumulativa de los rayos solares que recibe la piel cada día. Durante el verano acumulamos muchas horas de exposición solar, con el consiguiente riesgo de aparición de precancerosis y de tumores cutáneos. Con un diagnóstico y tratamiento precoz, estas lesiones pueden curarse completamente, por lo que es recomendable una revisión dermatológica completa tras la época estival. 

¿Cómo manifiesta nuestra piel el daño por el sol?

1) Engrosamiento de la piel. La epidermis presenta grandes variaciones en cuanto a su grosor, alternándose áreas atróficas más debilitadas, finas y empobrecidas con zonas hiperplásicas más gruesas.

2) Arrugas. Aparecen surcos profundos, que se producen por contracción de los tractos fibrosos del tejido adiposo, donde llegan exclusivamente los rayos UVA.

3) Laxitud. Se produce como consecuencia de la elastosis solar, formada por cúmulos nodulares de fibras amorfas localizadas en la dermis papilar.

4) Alteraciones de la coloración tipo melasma. Es una hipermelanosis adquirida, persistente y difusa, que se manifiesta en zonas como el rostro por el aumento de melanina y del número de melanocitos en el área afectada.

5) Manchas blancas moteadas. Pueden presentarse áreas despigmentadas, normalmente en piernas y brazos. Estas máculas hipopigmentadas son persistentes y están dispuestas al azar.

6) Lentigos. Son la consecuencia de cúmulos de melanocitos en la unión dermoepidérmica. Son comunes y benignas, de diferente densidad y tamaño, y están asociadas a la exposición solar crónica.

7) Telangiectasias. Las rojeces crónicas de distribución irregular, como los capilares dilatados o telangiectasias, se deben a la alteración de las fibras de la pared de los vasos sanguíneos, que se dilatan y se hacen visibles.

8) Púrpuras. La fragilidad de las paredes capilares hace más vulnerables estas microvenas, que se rompen por pequeños traumatismos insensibles y se convierten en pequeñas zonas amoratadas.

9) Poros abiertos. La laxitud del tejido producida por la elastosis solar afecta también al microrrelieve cutáneo, que acusa la depresión de las arrugas y la dilatación del poro, ofreciendo un aspecto poco homogéneo de la superficie.

10) Precancerosis y tumores cutáneos. La exposición solar interviene en el desarrollo de precancerosis como las queratosis actínicas y de tumores malignos como los carcinomas basocelulares, epidermoides y melanoma. Lesiones que a simple vista pueden parecer inofensivas, pueden degenerar en una lesión problemática para el paciente. 

Soluciones en Grupo de Dermatología

Tras la exposición solar durante el verano y el estrés por la vuelta al trabajo, septiembre y octubre son los meses ideales para iniciar terapias protectoras de la piel. Hoy en día existen modernas técnicas terapéuticas que pueden mejorar significativamente el daño cutáneo inducido por la radiación solar.

a) MANCHAS Y VASOS DILATADOS: las manchas oscuras de la piel inducidas por el sol pueden eliminarse eficazmente con un tratamiento con láser de pigmento. Las telangiectasias y otras dilataciones vasculares responden asimismo de manera satisfactoria a los láseres vasculares.

b) ARRUGAS Y LAXITUD: las arrugas y otros signos de fotoenvejecimiento de la cara pueden reducirse significativamente con un tratamiento combinado de toxina botulínica, ácido hialurónico, peelings, láser, bioestimulación plaquetaria y/o terapia fotodinámica.

c) PRECANCEROSIS Y TUMORES CUTÁNEOS: es imprescindible un examen dermatológico para la correcta identificación y diagnóstico de las lesiones. Hoy en día disponemos de la terapia fotodinámica, técnica que permite tratar precancerosis y tumores cutáneos superficiales, incluso microscópicos, que serían imposibles de identificar con otras técnicas. Consiste en la fotooxidación de materiales biológicos inducida por un fotosensibilizante, el cual se localiza selectivamente en determinadas células o tejidos tumorales, de forma que al ser iluminadas con una luz de adecuada longitud, y en dosis suficiente, dichas células resultan destruidas. La técnica es sencilla. El día del tratamiento se retiran las costras de la lesión, se aplica la crema y se deja cubierta durante 3-5 horas, según el tipo de fotosensibilizante empleado. Durante este período el paciente puede regresar a su casa o trabajo. A su regreso se retira la crema y se procede a iluminar la zona a tratar durante aproximadamente 10 minutos. En la mayoría de los casos se requieren una o dos sesiones de tratamiento. Excepcionalmente pueden requerirse sesiones adicionales. La TFD muestra claras ventajas respecto a otras alternativas terapéuticas para la patología oncológica cutánea, como es la poca invasividad, la alta selectividad terapéutica, el excelente resultado cosmético final, la gran seguridad y baja tasa de efectos adversos, y la posibilidad de tratar múltiples lesiones de forma simultánea. Las características de la TFD la hacen un procedimiento especialmente apropiado para personas en que la cirugía esté desaconsejada, ya sea por su edad o por enfermedades (cardiopatía, trastornos de la coagulación, etc.) o en aquéllas con múltiples tumores como es el caso de los pacientes trasplantados, dado que permite su tratamiento de forma menos agresiva.
Como efecto colateral "beneficioso" se ha comprobado que la TFD puede producir un efecto rejuvenecedor de la piel. La reacción fotodinámica tiene un potente efecto antienvejecimiento sobre la piel, estimula la producción de colágeno, protege las células de los daños oxidativos externos y disminuye manchas, venas dilatadas y arrugas.

d) PREVENCIÓN DE MELANOMA: la revisión de los lunares hoy en día puede realizarse con un preciso sistema de registro fotográfico microscópico de las lesiones. Se trata de la dermatoscopia digital. La microscopía de la epiluminiscencia o dermatoscopia consiste en una técnica no invasiva de diagnóstico de lesiones cutáneas (preferentemente lesiones tumorales, sobre todo melanoma) en la que se visualizan con gran aumento las lesiones, permitiendo distinguir una serie de estructuras imposibles de ver simplemente con la vista. El aparato utilizado es el dermatoscopio, que emplea un sistema de magnificación de las lesiones, con una luz incidental que transilumina la piel y permite un aumento con el lente que va desde 10X - 50X. Un dermatoscopio permite observar la piel con mayor precisión y es una herramiento de gran utilidad para diferenciar la benignidad o malignidad de una determinada lesión.

La dermatoscopia es hoy en día la técnica más precisa y sencilla en el diagnóstico del melanoma cutáneo. Dicha técnica no es invasiva y su creciente desarrollo en los últimos años le ha hecho situarse como la técnica más importante en el diagnóstico precoz del melanoma. 

Consejos de los expertos:

  1. Durante los meses de otoño e invierno, se recomienda el uso de cremas hidratantes con efecto barrera, con capacidad para restaurar la función protectora epidérmica. Además, es el momento ideal para aplicar cremas antienvejecimiento que durante el verano no se deben aplicar.
  2. Es aconsejable un chequeo dermatológico completo para analizar el grado de daño cutáneo inducido por el sol y examinar la piel en busca de lesiones tumorales. Para ello se dispone de técnicas como la dermatoscopia.
  3. Elegir el tratamiento más adecuado según las necesidades de la piel. En función del grado de fotoenvejecimiento, puede realizarse tratamiento con láser, toxina botulínica, ácido hialurónico, bioestimulación plaquetaria, peelings, terapia fotodinámica, etc. En caso de encontrarse lesiones precancerosas o tumorales, debe actuarse rápidamente sobre ellas con técnicas como la terapia fotodinámica, los inmunomoduladores tópicos o la cirugía.

 



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Artículo revisado el 20/09/2009

 

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Fecha de Actualización: Febrero, 2012