El lupus eritematoso cutáneo es una enfermedad con una amplia gama de manifestaciones, desde lesiones cutáneas crónicas solitarias en el lupus eritematoso crónico hasta lesiones polimorfas generalizadas en el lupus eritematoso cutáneo subagudo, y hasta la afectación de múltiples órganos en el lupus eritematoso sistémico.
El origen se debe a un problema de autoinmunidad en que células del organismo atacan diferentes estructuras del cuerpo porque las reconocen como extrañas.
Tiene un claro predominio femenino.
Diferenciamos tres formas de lupus eritematoso cutáneo:
El diagnóstico se sospecha clínicamente, pero ha de ser confirmado mediante biopsia cutánea. Una vez confirmado, se procederá a un amplio estudio analítico e inmunológico.
El uso de filtros solares es fundamental como medida inicial para estos pacientes, ya que el lupus eritematoso es una enfermedad muy fotosensible.
Dentro del tratamiento farmacológico, los corticoides tópicos y el tacrólimus tópico son de primera línea para formas leves. En caso de mayor afectación, disponemos de los antipalúdicos, los retinoides y los corticoides orales. Estos tratamiento requieren un estrecho seguimiento clínico.
En determinadas lesiones puede ser de utilidad la terapia fotodinámica.