La bioestimulación plaquetaria autóloga (o bioestimulación con plasma rico en factores de crecimiento obtenidos de las plaquetas) es un nuevo método terapéutico de reparación, restitución y prolongación de la vida celular de tejidos que se realiza a través de la extracción de sangre del paciente, de modo que esta sangre es centrifugada y a través de un procedimiento especial se obtiene plasma rico en plaquetas que contienen, a su vez, factores de crecimiento capaces de prolongar la vida celular.
La aplicación de esta técnica revolucionaria al campo de la dermatología cosmética es muy reciente. La comunidad científica ha demostrado que la aplicación de unas mínimas cantidades de nuestro propio plasma sanguíneo sobre la piel posee efectos rejuvenecedores en la misma. Se trata de un tratamiento restitutivo, es decir que pretende restablecer (a la normalidad) el metabolismo y el funcionalismo cutáneos, enlentecidos o deteriorados por el paso del tiempo, a través de la activación biológica de las funciones de las células de la piel (bioestimulación).
La obtención del Plasma Rico en Plaquetas es sencilla, aunque delicada. Basta extraerle al paciente una pequeña cantidad de sangre que se somete a un proceso de centrifugación a temperatura ambiente, con lo que la sangre se separa en diferentes fracciones. Se utiliza una fracción específica de este plasma, en concreto la de mayor contenido en plaquetas (de este modo se logra un plasma que contiene una concentración de factores de crecimiento entre 3 y 8 veces mayor que en la sangre circulante periférica). Este plasma es enriquecido con una cantidad adecuada de cloruro cálcico para activar las plaquetas, de manera que éstas liberen los factores de crecimiento.
Una de las principales ventajas de esta técnica es que además de trabajar con cantidades pequeñas de sangre podemos controlar la liberación del contenido de las plaquetas para permitir que actúen allí donde los hemos colocado. Una vez preparado y enriquecido nuestro propio plasma sanguíneo recién activado, se micro-inyecta en el área que deseamos rejuvenecer. No produce ningún dolor porque la aguja que empleamos para realizar la inyección es muy fina ("32G", más fina que las que se emplean para el tratamiento con insulina o la aplicación de toxina botulínica).
El tratamiento, apto para hombres y mujeres, no requiere ningún tipo de preparación previa, y tras su aplicación, las personas se reincorporan de forma inmediata a su vida social, sin una sola cicatriz, marca o rojez. El único efecto secundario es la posible aparición de hematomas, de tamaño mínimo. La totalidad del procedimiento se realiza en aproximadamente media hora, y su repetición hasta 5-6 veces con intervalos de un mes entre sesiones consigue los mejores resultados.
Los factores de crecimiento son específicos para los tejidos de cada individuo, lo que hace de este sistema un tratamiento absolutamente personalizado y exento de riesgo de rechazo o alergias, sin contraindicaciones y aplicable a cualquier persona que desee mejorar la calidad de su piel. El procedimiento cuenta con la ventaja de contar con una preparación obtenida del propio paciente, que evita el riesgo de infección o transmisión de enfermedades, no requiere prueba de alergia y, además, por su composición rica en hemostáticos, evita la formación de equimosis o hematomas.
Esta técnica es perfectamente compatible con otros tratamientos contra el envejecimiento facial, como la toxina botulínica, el láser o los implantes o rellenos de ácido hialurónico.
Diferentes trabajos científicos demuestran una mejoría en el aspecto, la textura, la tersura, el tacto, el tono, el brillo, la luminosidad, etc. de la piel tratada. Al inducir la formación de colágeno nuevo, tan importante para la estructura facial, la piel toma un aspecto rejuvenecido. La mejoría es apreciable desde los primeros días y se hace más notable a los 3 meses, tiempo que requiere el organismo para la síntesis de las nuevas proteínas regeneradoras.